Un domingo familiar.

Hay tantas cosas que puedo disfrutar como dormir una buena siesta a media tarde, comer unas garnachas con salsa de molcajete, rascarme la espalda cuando me asalta una desesperada comezón, incluso tomar un rico baño al despertar pero sin duda lo mejor del mundo es pasar tiempo en familia por lo cual mi esposa Karen y yo ya teníamos planes para ir a un día de campo con los niños a un lugar que me recomendaron llamado arcos del sitio en el denominado pueblo mágico de Tepotzotlán ya que según algunos de mis compañeros de trabajo esta bonito el lugar y muy limpio Rubén el contador me aseguro que no me arrepentiría de asistir con toda la familia no solo con mis hijos puesto que es un lugar para distraerse en compañía de chicos y grandes, dado que encuentras ahí mismo albercas por si deseábamos nadar además ahí mismo se puede entrar al gotcha o si había un miembro intrépido en la familia nos encantaría lanzarnos por la tirolesa; al escuchar la descripción del lugar me intereso mucho por lo que no dude en invitar a  todos mis seres queridos entonces contacte a mis hermanos, primos y tíos par a invitarlos a participar en el paseo.

El domingo muy temprano nos reunimos en casa de la abuela para salir juntos en caravana cada quien en sus autos además repartimos a los que no llevaban carro, yo me lleve en mi camioneta a mi hermana con su esposo y sus dos hijos también a mi primo Luis con su novia, el trayecto la verdad es que no fue nada pesado pues no es tan lejos exageradamente hicimos dos horas de la Ciudad de México hasta llegar a nuestro destino turístico, obviamente hay una cuota de recuperación para entrar al lugar pero nada caro además los niños, estudiantes, maestros y adultos de la tercera edad pagan la mitad, y lo que cobran no es nada comparado con lo encantador del lugar, hicimos una larga caminata, montamos a caballo, mis hijos se atrevieron a lanzarse de la tirolesa jugaron toda clase de juegos desde saltar la cuerda hasta voleibol, futbol y todo cuanto se les ocurrió, mi sobrina Carolina llevo un par de pelotas y organizo juegos por equipos con distintas dinámicas, un balón de americano y otro de soccer, globos, costales para hacer carreras en los mismos, hamacas que rápidamente buscamos donde colocarlas para tomar una placentera siesta de descanso.

Al atardecer mi hermano German compro un paquete de leña que coloco en la parrilla de la palapa, encendió rápidamente el fuego y comenzamos todos los hombres de la familia a asar las carnes, las pechugas de pollo, cebollas, nopales, calentamos tortillas y nos dimos un gran festín pues comimos bastante rico, la novia de Luis llevo botanas, mi primo Mario llevo cervezas verdaderamente fue un gran día de campo para recordar igual a los que hacia mi abuela.

Pero llego la hora de regresar a la realidad, de modo que nuevamente salimos del lugar, pero al salir de la autopista; mi esposa vio a lo lejos que unos niños estaban correteando un perrito mismo que espantado corrió hacia la orilla de la banqueta por lo cual cayo dentro de una alcantarilla que estaba destapada por lo que me pidió que nos detuviéramos para auxiliarlo; era imposible poder hacerlo nosotros mismos así que llamamos a emergencias para que ellos nos ayudaran, llegaron rapidísimo al lugar colocaron trafitambos e hicieron la maniobra de rescate, por supuesto que al estar ahí mi esposa se ofreció para adoptarlo y llevarlo al veterinario para que lo revisara afortunadamente solo tenía unos cuantos golpes pero nada serio y el nuevo miembro en la familia se llama Toribio.

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